Acompáñame y te enseño
un laberinto encantado.
Aquí los sueños del
miedo
enredan el corazón,
y lo arrastran
a la oscuridad,
fría,
aterradora.
Pero a veces no estoy sola.
Ella se queda a mi lado
y va encendiendo conmigo
chispitas de luz dorada
que se ríen de las
sombras.
Y me enseña que el
espejo
se ha equivocado otra
vez.
Su mirada me sonríe.
Entonces suelta mi
mano,
aunque ya no tengo miedo
porque sé que va a
volver.
